No le pongas tanta sal a la vida


Da sabor, energía y, según dicen algunos, incluso buena suerte si la echamos
sobre los hombros. Pero, en exceso, la sal puede traer muchos problemas. Y abusar, abusamos. Un puñadito de más en el guiso, un snack a media mañana,
esa salsa preparada tan sabrosa, y el salero siempre a mano… En total, nos
pasamos más que de lejos de los cinco gramos diarios –una cucharadita– que,
según los expertos, serían recomendables.
¿La razón? La sal ha pasado de ser un producto preciado y escaso (en la
antigüedad se utilizó como moneda de cambio) a estar presente, y en grandes
cantidades, en muchas de las cosas que comemos, sobre todo en los alimentos
precocinados. Tanto exceso, puede afectar a nuestra salud cardiovascular; sobre
todo si ya se tienen problemas con la presión arterial o una sensibilidad especial
al exceso de sodio.
"Estudios poblacionales muestran que, a nivel global, un consumo excesivo de
sal se asocia con niveles de tensión arterial más altos y más casos de
hipertensión, lo que puede provocar más problemas cardiovasculares", explica
Josep Redon, experto en Medicina Interna del Hospital Clínico de Valencia.

Menos sal, más salud
Según una revisión de estudios que publicó la Asociación Médica Americana,
pequeñas reducciones en el consumo diario permiten prevenir nuevos casos de
hipertensión y mantener alejadas las posibilidades de sufrir un problema en el
corazón.
"Reducir 1,3 gramos de sodio al día permitiría salvar 150.000 vidas al año en
Estados Unidos", explican los autores de este estudio, quienes remarcan que la
restricción del consumo de sal no debería ser una cuestión exclusiva de quienes
ya padecen un problema de hipertensión.
En nuestro país, el problema tal vez no sea tan grave como en Norteamérica
donde, según las estimaciones, un adulto consume alrededor de 4.000 mg de
sodio al día, pese a que la Organización Mundial de la Salud recomienda que no
se superen los 2.000 mg. Sin embargo, según indican los expertos, también
deberíamos controlarlos más.

"A todos los hipertensos se les recomienda una reducción del consumo de sal
pero, en realidad, nadie debería abusar", explica Redon, que forma parte de
'World Action on salt and Health', un organismo que trabaja para concienciar a la
población de la necesidad de controlar la ingesta de sal.
Vicente Bertomeu, presidente de la sección de hipertensión arterial de la
Sociedad Española del Corazón, coincide con la tesis Redon. "Consumimos
demasiada y nuestras necesidades básicas están cubiertas con mucho menos.
Puede cocinarse con sal, pero no es adecuado usar el salero en la mesa para
añadir más a la ya utilizada al condimentar los alimentos", comenta este experto.

Controlar los precocinados
Sin embargo, mantener a raya el salero no es la única medida que debemos
emplear para controlar nuestro consumo de sal ya que la mayoría del sodio que
consumimos proviene de productos procesados industrialmente. Y no siempre es
fácil detectar los excesos, ya que, tal como explica Barry D. Dickinson, miembro
de la Asociación Médica Americana y uno de los autores de la revisión que acaba
de publicarse, no todo lo que lleva mucha sal sabe salado.
"La sal suele utilizarse para la preservación de los alimentos y, en algunos
productos, para bloquear sabores amargos" explica este experto. "Además,
algunos productores la añaden porque dicen que aumenta la aceptación del
consumidor de determinados sabores y texturas", añade.
De este modo, productos como los cereales de desayuno, que aparentemente son
dulces, contienen normalmente grandes cantidades de sodio. "Casi todos los
alimentos procesados se producen con muchísima sal", explica Javier Aranceta,
presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. "Y, sin embargo,
en la mayoría de las etiquetas no se especifican las cantidades, por lo que una
persona con problemas de hipertensión o sensibilidad a la sal tiene que acudir a
un experto para saber qué alimentos debe evitar".
En abril de este año, la Organización Mundial de la Salud hizo un llamamiento a
las compañías alimentarias para que redujeran drásticamente el contenido en sal
de sus productos y especificaran las cantidades utilizadas en cada etiqueta.
Además, instaba a los Gobiernos a promover políticas para controlar la ingesta de
sodio. Pero, hasta el momento, son pocos los esfuerzos que se han hecho al
respecto.

¿Qué podemos hacer desde casa?
Según explica Aranceta, además de quitar el salero de la mesa y no añadir mucha
sal a las comidas, no se debe abusar de productos ricos en sal, como embutidos y
frutos secos salados. Además, es preferible cambiar los alimentos precocinados
por productos frescos, optar más por la cocina al vapor o a la plancha y usar otros
condimentos para dar sabor.