Los malos hábitos alimentarios también matan


El mundo está pagando un precio muy alto por el fracaso de las políticas
alimentarias. Frente al enfoque clásico que sitúa la desnutrición como la
consecuencia más grave, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pone
ahora el acento en el sobrepeso y la obesidad.

Alrededor de 1.300 millones de personas padecen estos problemas en todo el mundo y más de tres millones
acaban muriendo cada año, según un informe de Naciones Unidas sobre
alimentación que se presentó en Ginebra. Las cifras equiparan la importancia de
los malos hábitos alimentarios con la del hambre, una aproximación bastante
novedosa en el análisis de los desequilibrios alimentarios.
“El sistema es una receta para vidas poco sanas”, concluye el documento, que
culpa por igual a la industria alimentaria y a los Gobiernos de estos excesos. A
las empresas les reprocha que hayan reorientado su valor añadido hacia la
creación de alimentos ricos en grasas, sal y azúcar. De esta forma, han quebrado
la base tradicional de la alimentación local, lo que, a menudo, impide garantizar
salarios dignos a los agricultores. Para los Gobiernos, las quejas son aún
mayores: “Los Estados están desatendiendo la responsabilidad que tienen de
garantizar el derecho a una alimentación adecuada en el marco de las leyes
internacionales de derechos humanos”.