Con dar de comer no basta, por Matilde Menéndez

Los neurocientíficos subrayan que, aunque una adecuada nutrición es indispensable para un desarrollo saludable del cerebro, esto solo no lo garantiza. Matilde Menéndez te explica por qué. 

Estudios en animales y en seres humanos muestran que las modificaciones que hace la pobreza en el cerebro son múltiples. En el nivel molecular, está asociada con cambios en la expresión de los genes. Se sabe que por su influencia se modifican distintas áreas asociadas con la autorregulación cognitiva y emocional, y con el aprendizaje.

Además se generan cambios funcionales: mayor probabilidad de dificultades para entender cuál es el sonido del habla al empezar a leer; así como de conductaen la atención, el control inhibitorio y la memoria de trabajo.

Cuanta más privación acumulada y más susceptibilidad del chico, mayor es la dificultad para revertir estos cambios.

Posibles intervenciones
Para superar estas carencias, son necesarias múltiples intervenciones. Hay que prestar atención al sueño, la actividad física y la reducción del estrés, y entender cómo la comunicación ruidosa o el caos en el hogar interfieren sobre la educación, el desarrollo cognitivo y autorregulatorio de los chicos y de los propios adultos.

Es importante que los chicos accedan a jardines de infantes que les ofrezcan actividades motivadoras temprano en su vida. Los beneficios de lugares educativos que los estimulen se ven después en mejores desempeños en el nivel primario y hasta en el futuro ingreso profesional.

Matilde Menéndez te recuerda las ultimas cifras sobre pobreza en nuestro país. En Argentina, el 52,6% de los menores de 15 años son pobres o indigentes. Esto significa que la mitad de los chicos sufren carencias materiales y simbólicas que pueden dejar una huella imborrable no solo en su salud física, sino también en su desarrollo cognitivo y emocional.